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Reflexiones sobre el mercado de compra-venta de dominios

Lógicamente no existen reglas irrefutables en el sector de la compraventa de nombres de dominio que permitan determinar en un sentido concluyente y cerrado los criterios que influyen en la valoración de éstos, en cuanto a que el de la compra-venta de dominios, como el resto de sectores, también depende de las reglas económicas establecidas por el propio mercado.

Poco se aclara -o mucho- con la afirmación en este sentido realizada. Pero creo que esto hay que considerarlo en el punto de partida de esta arriesgada reflexión.

El mercado de dominios es limitado y excluyente. Es limitado en el sentido de que aunque existan muchos nombres y combinaciones posibles, los dominios son limitados, lo que lógicamente pudiera afectar, sobre todo en el futuro, al mercado. Pero quizá más importante que lo anterior sea la circunstancia que nos permite afirmar que el mercado de dominios es excluyente. Esto es así porque solo un registrante puede tener un concreto dominio en su Haber. Esta circunstancia -inherente a la propia configuración técnica de los nombres de dominio- sin lugar a dudas, afecta de una manera innegable al mercado en cuestión. Porque si varias personas pudieran registrar a la vez www.viajes.com, el gurú de los dominios Chris Chena, ¿hubiera pagado lo mismo por este dominio? Tal vez no. Ello hace que el propio dominio constituya por sí mismo “marca“. Signo distintivo en Internet irrepetible. Irrepetible al igual que una obra de arte original firmada por su autor.

La evidente relación entre marca y nombres de dominio hizo aparecer el fenómeno de la ciberocupación y la posterior reacción de los propietarios de las marcas “tradicionales” ciberocupadas. Porque un ciberocupa es una persona que sin interés legítimo, registra a sabiendas el dominio de internet relacionado con una marca preexistente con un fin lucrativo y especulativo, en cuanto a que se aprovecha del tráfico y notoriedad generados por la marca-originaria, que por contra, no desea que se constituya una marca-internet paralela a la propia en perjuicio de sus intereses directos e indirectos.

Muchas de las cuestiones hasta este punto planteadas me permiten pensar que el de los dominios de Internet, tiene comportamientos similares a otros mercados relacionados con el coleccionismo.

Efectivamente, en un principio podría considerarse el registro de nombres de dominio desde el punto de vista de su posterior desarrollo mercantil en su sentido más estricto. Esto es, comprar un dominio -con buena fe- para posteriormente venderlo a empresas que lo quieran explotar comercial o publicitariamente como marca o incluso, desarrollarlo directamente su propietario. Por ejemplo, el caso del inversor que registró TERRA.COM y posteriormente lo vendió a una empresa española que pensó desarrollar una marca en base a ese nombre pre-registrado.

Pero este mercado, como ya habíamos indicado, se verá afectado por el fenómeno del coleccionismo. Quiere esto decir que los dominios de internet no sólo se venderán entre empresas o personas físicas para su directa y estricta explotación mercantil, sino también desde su consideración como objetos inmateriales anhelados por coleccionistas (similar al de obras de arte, sellos etc.), con sus particulares -y a veces irracionales- criterios de valoración.

Por supuesto que esta última consideración no hace más que incrementar las perspectivas del sector del registro de dominios. Ya quisieran por ejemplo, los cultivadores de productos perecederos que gran parte de su oferta fuera destinada no solo al mercado en su estricto sentido (venta en mercados, etc), sino también al del coleccionismo. Porque la demanda de esos productos sería mayor, lo que por supuesto, en base a los pricipios básicos de la Economía, afectaría de manera positiva en la determinación de su precio.

Y es que el coleccionismo por sí mismo constituye un importante mercado que repercute de una manera considerable sobre los sectores en los que actúa. Sólo hay que pensar en el volumen de negocio generado en torno a la numismática, filatelia, coleccionismo de vehículos, obras de arte, etc. Por tanto, esta circunstancia supone una realidad que no conviene obviar en el incipiente mercado de los nombres de dominio.

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