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Ciberocupa vs domainer

El floreciente sector de los nombres de dominio basó su inicial implantación comercial en el principio “first come, first served“, lo que significa que el primero en llegar registra el dominio y adquiere el derecho de uso de ese nombre en Internet. No obstante, esta circunstancia unida a la inicial inexistencia de normativa que evitara este tipo de situaciones, motivó el registro por terceros de nombres de dominio relacionados con empresas u otras organizaciones de gran notoriedad y cuyas marcas se encontraban protegiadas mediante las legislaciones vigentes, y que con posterioridad a su registro, los ofrecían en gran número de ocasiones a los legítimos poseedores de las marcas o signos distintivos relacionados, a cambio de importantes cantidades de dinero.

El surgimiento de este fenómeno denominado cybersquatting o ciberocupación se remonta a principios de los noventa, cuando se produjeron los primeros registros abusivos de marcas comerciales según lo anterior. Fue el caso, por ejemplo, del dominio mcdonals.com y otros muchos.

Una vez que se comenzó a asimilar los alcances de este fenómeno y el impacto que ello producía sobre las empresas y sus marcas en Internet, además del extendimiento de una jurisprudencia nacional tendente a la protección de las marcas prevalentes, la Corporación Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN) adoptó en 1999 unas normas para la resolución uniforme de controversias en materia de nombres de dominio, la UDRP, es decir, la “Uniform Domain Name Dispute Resolution Policy”.

A través de la UDRP se ponía en funcionamiento un procedimiento administrativo vinculante, más económico y rápido que un procedimiento judicial ordinario, por el que cualquier persona o empresa puede solicitar de los organismos autorizados, como la OMPI, que resuelva a través de una serie de Paneles o expertos sobre el conflicto planteado entre marcas, nombres comerciales, signos distintivos y nombres de dominio. Ello sin perjuicio del proceso judicial que pueda iniciarse con esta misma finalidad.

Diversos intereses han motivado la ciberocupación: En primer lugar, el lucrativo cuando registran un nombre de dominio o variante similar de éste – que es la última tendencia en la ciberocupación- y con posterioridad, lo ofrecen a la empresa afectada, lo venden a la competencia o lo desarrollan publicitariamente aprovechándose parasitariamente de la relevancia de la empresa. En segundo lugar, puede existir en la ciberocupación un interés vengativo o activista, y esto es cuando desarrollan Parody sites, orientados a denigrar o despretigiar a una empresa. Es el caso, por ejemplo, del portal desarrollado en el sitio mapfreseguros.com

No obstante, no es precisa ni adecuada la confusión que por desconocimiento del sector, en gran número de ocasiones se realiza entre un ciberocupa y un domainer.

Efectivamente, aunque la ciberocupación está estrechamente relacionada con el domaining, a diferencia del ciberocupa, el domainer careciendo de mala fe en el registro de dominios, no tiene una finalidad conscientemente ocupadora de derechos notorios y protegidos de terceras personas con gran relevancia pública. El domainer gestiona una cartera de nombres de dominio, que en gran número de ocasiones hacen referencia a términos genéricos o nombres de uso generalizado, y ello para su explotación comercial, monetización de su tráfico o introducirlos en el sector de la compra-venta. Esto último como cualquier otro bien no excluído del comercio en una economía de mercado.

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