Quien me conoce sabe que una de mis grandes aficiones en la escritura ha sido tradicionalmente la de castellanizar al máximo neologismos y tecnicismos provenientes originariamente de otros idiomas, especialmente del inglés.
No obstante, hay ocasiones en las que no encuentro una mejor palabra que defina en nuestro idioma a la originaria. Este es, por ejemplo, el caso de la falta de consenso existente en la traducción del concepto “domainer”. Algunos optan por el de “dominero”, que así de rebote, me recuerda a un jugador de dominó. Otros en cambio, por el de “dominiero”.
Atendiendo a los resultados de Google, el primero de los anteriores tiene hoy 15.500 y el segundo, sólo 75. Pero a falta de una traducción que defina desde mi punto de vista con mayor rigor y conveniencia a la persona física o jurídica que desarrolla el domaining, prefiero seguir denominándolo (al menos de momento) domainer.


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